- Un banco de Beirut puede reflejar los dólares en el extracto y, aun así, denegar tanto el retiro en ventanilla como la transferencia al exterior.
- La economía libanesa volvió a crecer en 2025, pero los combates de marzo anularon ese avance.
- Seis años después de la explosión del puerto, el expediente judicial acumula tomos sin que se haya abierto juicio.
Un saldo que no se puede retirar ni transferir
La aplicación móvil de un banco libanés sigue mostrando el saldo en dólares, pero la orden de transferencia internacional no se ejecuta. Desde el colapso financiero de 2019, los depósitos antiguos permanecen inmovilizados en una banca que el Banco Mundial todavía califica de profundamente debilitada, sin que las medidas parciales aplicadas hasta la fecha hayan devuelto la libre disponibilidad de esos fondos.
Un salario en libras libanesas conserva hoy solo una fracción del poder adquisitivo que tenía antes de romperse la paridad cambiaria. Quienes logran ingresar dólares nuevos pueden cubrir combustible, alquiler y alimentación. En cambio, un saldo bancario sujeto a restricciones apenas da margen para reclamar sin éxito en la sucursal.

Una recuperación truncada por el conflicto
Durante unos meses los indicadores macroeconómicos ofrecieron cierto alivio. Líbano registró un crecimiento estimado del 4,2 por ciento en 2025, su mejor dato desde el inicio de la crisis, impulsado por el consumo privado, la construcción y el turismo. Sin embargo, la escalada bélica de marzo de 2026 dañó el parque de viviendas, provocó desplazamientos masivos y detuvo la reactivación. El Banco Mundial proyecta ahora una contracción económica del 6,4 por ciento para este año, unos 10 puntos porcentuales peor que el escenario previo al conflicto.
La inflación vuelve a repuntar y se estima en el 17,5 por ciento, presionada por las interrupciones logísticas, el encarecimiento del flete marítimo y el precio del crudo. La libra ha mantenido la estabilidad cambiaria gracias a las reservas del banco central y a la restricción de liquidez en moneda local, pero ese equilibrio depende de que no caiga la entrada de divisas desde el exterior. Mientras tanto, la deuda pública sigue pendiente de reestructuración y las negociaciones con los acreedores ni siquiera han comenzado.
El sobrecoste de mantener el suministro eléctrico
Las centrales eléctricas del país dependen por completo del combustible importado. Cuando la empresa pública recorta las horas de suministro, el gasto energético no desaparece, sino que se traslada al bolsillo privado mediante contratos con generadores particulares, bombas de agua limitadas a los tramos con corriente y precios más altos en los comercios.
Las largas filas en las gasolineras surgen de forma intermitente, pero el déficit estructural es una capital sin suministro eléctrico continuo. El transporte y la energía son los primeros sectores en trasladar la inflación de 2026 a la calle, dado que el abastecimiento de Beirut depende casi por completo del transporte por carretera.
La causa judicial del puerto sigue sin juicio
El 4 de agosto de 2020, la explosión del puerto de Beirut causó la muerte de al menos 218 personas. El detonante fueron 2750 toneladas de nitrato de amonio almacenadas sin medidas de seguridad desde 2014. El juez instructor Tarek Bitar dio por concluida la investigación el 30 de marzo de 2026 y recibió el dictamen escrito de la fiscalía en septiembre.
A mediados de octubre de 2026 seguía sin emitirse el auto de procesamiento ni fijarse fecha para el juicio. Las familias de las víctimas llevan seis años exigiendo responsabilidades por el almacenamiento de material explosivo en pleno centro urbano, mientras distintos sectores con poder político han bloqueado sistemáticamente el avance del proceso en los tribunales.

La liquidez operativa debe mantenerse en el exterior
La conclusión práctica no tiene que ver con trámites de residencia, sino con la gestión de tesorería. Cuando los ingresos, el ahorro y el pago de suministros quedan concentrados en un único sistema bancario restringido, cualquier deterioro coyuntural compromete los pagos cotidianos. Al tratarse de una economía netamente importadora, la falta de liquidez en dólares encarece y frena el abastecimiento comercial de inmediato.
Aplicar la teoría de la bandera supone aquí separar jurisdicciones: residir en un país y custodiar en otro distinto los fondos que requieren disponibilidad inmediata. La moneda local sirve para el gasto menudo, pero el capital destinado a cubrir los gastos fijos no debe inmovilizarse en un depósito bancario en Beirut sujeto a bloqueos discrecionales.
El coste real de establecerse hoy en Beirut
Al bloqueo financiero se suma ahora el deterioro de la infraestructura física. Las viviendas, escuelas y centros médicos dañados durante las hostilidades recientes mermarán durante años la capacidad productiva del país, incluso si se consolida un alto el fuego. Asimismo, el turismo, que sostuvo la recuperación de 2025, es la primera fuente de ingresos por divisas que cae ante la inseguridad.
Pasar una temporada en la capital libanesa implica un riesgo muy distinto al de radicar allí el patrimonio. El saneamiento de la banca sigue incompleto y las negociaciones sobre la deuda pública aún no se han abierto. Mientras ambos frentes sigan bloqueados, en Beirut solo conserva margen de maniobra quien opera con liquidez situada fuera del circuito bancario local.









